Hola, hace un instante recordé algo y sentí necesidad de escribirlo para que el olvido no lo lleve a la tierra de nunca jamás. ……………………………………………………………………………………………………………………
Ya en vísperas de un Jueves Santo miré un par de ramas de olivo que están en casa desde el pasado Domingo de Ramos y en un instante – la relación que la memoria puede hacer entre objetos y recuerdos es asombrosa – recordé un hecho ocurrido hace muchos años, más de 20 años atrás.Mi padre en cuestiones de fe y creencias era escéptico; pero nunca manifestó oposición a que otros tuvieran y sostuvieran sus creencias. Aparentemente él fue un niño criado en un ambiente donde la fe no era tema de conversación ni de interés. Hijo de un socialista militante, nadie habría cultivado en la persona del niño interés alguno por estos asuntos de la fe y del alma.
¿Dónde se encontrarán este par de ideas, de mi padre escéptico y las ramas de olivo?… Fue en la tarde de un Jueves Santo, pasado el mediodía; mi padre se encontraba en casa de un vecino, quien tenía algunos olivos en su patio. Había ido a conversar un rato con su amigo, a hacer una visita social digamos. Cuando de pronto regresó a casa con mucha inquietud contando lo que escribo aquí. Contó que mientras estaba en el patio cerca de los olivos, vio que el sol pasaba entre las hojas y dejaba ver las sombras de las hojas en el suelo, lo que es natural y normal. Lo que no era normal fue que las sombras de las hojas formaban infinitas cruces, como si cada hoja se hubiese ubicado de tal manera que esto podía verse en el suelo. Cruces, cruces, muchas cruces pequeñas, miles de cruces formadas por las sombras de las hojas. Recuerdo bien el estado de inquietud que él tenía. Sorprendido, atónito, incapaz de darle una explicación lógica a esto que sus ojos acababan de ver. Yo escuche la narración de lo que hacía momentos había ocurrido; pero no reaccioné, ni corrí a comprobar la verdad de lo que oía. Sentí cierta manera extraña de temor ante eso, más aun porque esto venía de boca de mi padre que era totalmente incrédulo. Ese fenómeno duró algunos minutos y luego se deshizo, según él mismo lo narró. Eso pasó y nunca más volvimos a hablar de ese asunto.
…………………………………………………………………………………………………………………… ¿Un fenómeno de la luz y de la sombra?… ¿Un milagro, un portento, un prodigio?… ¿Una señal?… ¿Una revelación privada?… ¿Quién lo sabe? Yo no lo se. ¿Qué consecuencia tuvo esto en el espíritu de mi padre? Tampoco lo supe jamás.
Han pasado los años y él se fue de viaje hacia la eternidad. Solamente se decir que el Señor es grande.

































































En una de las habitaciones del Convento se encuentra la cama que usó el Gral. San Martín durante su paso por allí. Es una cama sencilla, cama de fraile, de madera tosca y lonjas de cuero crudo entrecruzado para sostener el colchón o jergón. Una cruz sobre la cebecera y un par de baúles para guardar la ropa. Es un lugar fresco y silencioso. Paredes gruesas de adobe. Estando ahí tuve la sensación de pisar el mismo suelo que el Gral. San Martín. Héroe magnífico, estratega genial y un hombre de virtudes. Una sensación extraña. El General andando por ahí, respirando ese mismo aire, recibiendo la sombra del mismo techo, tomando algunos mates y hablando de la libertad de un país que todavía no tenía este nombre. Argentina, mi país.











A pesar de la polémica historia de Sarmiento, es imposible negar la importancia de su obra de gobierno. Aquí una de las muchas placas que recuerdan algunos de sus realizaciones. La Escuela Naval Militar fundada por él en 1872, durante su presidencia. Hasta hoy es la escuela donde se forman los oficiales de la Armada Argentina.
































































