¿Cómo empieza tu jornada?

La melodía del celular comienza su sonido estúpido. -En la lista de melodías elegí la que sonara amigable y suave al oído, pero de todos modos resulta molesto-. Un toque a la pantalla para que calle el sonido detestado. Ya llegó el primer aviso a mi conciencia. Algunos minutos después otra vez la melodía y un segundo toque a la pantalla y un nivel más arriba en mi estado consciente. Dos minutos más y llega la tercera presentación de la melodía detestada y ya es suficiente, puse mis pies en el suelo y mando a callar la melodía definitivamente. Ahora yendo al cuarto de baño en estado sonámbulo, diría.

Encender las luces a tientas, conociendo de memoria el lugar de los interruptores. Encender el calefactor. Acercarme al pequeño altar donde tengo un libro de oraciones y una imagen pequeña de Cristo, ahí es el momento de hacer la señal de la cruz sobre mí y rezar el angelus, fin del momento espiritual.
De regreso al encuentro con el reloj. Ahora encender la radio a bajo volumen que no moleste a otros durmientes. De ahí a encender el fuego de la cocina y empieza el ritual del desayuno. La tetera con agua y las rebanadas de pan al tostador en fuego mínimo. – No uso tostador eléctrico, prefiero el tostador de metal que va sobre la llama de la cocina-. Entonces empiezan unos minutos contra reloj, vestir la ropa de trabajo lo más rápido posible y regresar a la cocina antes que el pan se convierta en carbón, competencia casi siempre perdida por mí. No importa. Preparo el desayuno y como de pie mientras escucho la radio. Fin del desayuno.

Revisar el maletín, guardar también una ración de alimento para la media mañana.

Despedirme de mi esposa en voz baja, colocarme el abrigo, apagar luces y a enfrentar lo que el día de trabajo presente hoy.

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Buena semana para todos.

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El eclipse

El eclipse se anunciaba como el gran evento del año. Programas de TV, radio, periódicos y hasta las conversaciones de amigos giraban en torno al eclipse. Con anticipación preparé mi máscara para soldar e hice algunos ensayos de visibilidad y todo funcionaba bien. El disco del sol se notaba de color verde según el color del vidrio. Pero al momento de fotografiar el resultado era distinto, la calidad de la foto no era la mejor. Decepción.

Llegó el día del eclipse, subí al techo de la casa y observé el eclipse con algunos intervalos desde el inicio hasta el final. El frío de la tarde se hacía sentir allá arriba. Con desgano hice algunas fotos sabiendo que no serían fieles a lo que mis ojos veían. Así pasó el evento.

Moraleja: Algunas vivencias están en nuestra memoria, pero no se pueden transmitir completamente.

Sequía

Casi ha pasado un año sin escribir en el blog, pero algunas veces he pasado a ver aquello que los amigos escribían y eso me ha hecho bien. Aunque los blogers que sigo viven del otro lado del mundo, me siento acompañado por sus artículos.
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Yo le llamo sequía. Gran sequía. Hay en mí un tiempo de sequía.
¿Conoces la historia del sueño del faraón? ¿El sueño donde habían vacas?…
¿Tuviste un periodo de sequía en tu vida?
¿De aquellas sequías que secan las mejores plantas de tu jardín?
¿Esas sequías que te borran la risa del rostro por mucho tiempo?
Aquí estoy resistiendo y esperando que haya una buena mañana para mí cualquiera de estos días – ¿Por qué no ha de ocurrir que las cosas mejoren?
Solamente en espera y esperanza. Respirar, rezar, trabajar y mantenerme en paz.
¿Crees que algunas veces llegan señales para nosotros en situaciones difíciles? Hace algunos días en una emisora de radio alguien dijo algo que era para mí, lo que yo imagino es una señal: – No siempre estamos en la lista de prioridades de la gente a quienes amamos y eso es todo. Nuestro nombre no está en la lista, por lo tanto no somos correspondidos. ¿Hay solución para esto? No. Lo más sano es enfocarse en las personas que nos aman y nos corresponden.

Cuando esa frase, más o menos referida de manera textual, llegó a mis oídos y lo medité por varios días, las cosas se aclararon bastante. No es una solución, pero es una pista sana desde donde empezar a caminar. Un paso a la vez, hasta que pase la sequía y lleguen tiempos de vacas gordas. Tal vez hasta vuelva la risa a mi rostro.
Saludos.

Hormigas trabajando

nubes

Estamos a mitad del invierno.  Este año el frío nos golpeó de manera inusual. La temperatura fue demasiado baja y los días nublados se sucedieron durante semanas. Todos esperamos que el sol regrese hacia el sur.  El gris de las nubes parece no tener fin; tal vez ya me estoy acostumbrando al frío.
Algunos días atrás, un domingo, en un programa de radio un experto en jardines y parques daba consejos para trabajar en las rosas mientras se espera que llegue el clima mejor.  Entre las cosas que él dijo hubo una frase muy esperanzadora: – En quince días, las hormigas empezarán a trabajar. 
Es la mejor frase que escuché en cuanto al clima desde hace varios meses. Las hormigas empezarán a trabajar.  Hormigas trabajando es una imagen simple; pero se convirtió en una motivación eficiente. Decidí entonces usar esa frase para animar a otros a pasar esta parte final del invierno. Difundí entre mis compañeros de trabajo y amigos la frase mágica: – En quince días las hormigas empezarán a trabajar. La frase es simple; pero cuánto llena de sonrisas el rostro de quien lo escucha. Tal vez estoy creando una idea obsesiva y también creo haber soñado con hormigas en el jardín. Ayer un compañero en una conversación dijo: – Ayer vi una hormiga.
Mirando de vez en cuando hacia el suelo espero ver pronto esos pequeños puntos movedizos.

Para la gente que vive en el sur del mundo la esperanza asoma entre las nubes.

Segunda entrada en 2018

Hola. Aquí estoy escribiendo algunas palabras para los amigos del blog. Las cosas están así: Mucho tiempo trabajando. Continúo viajando por obligaciones con frecuencia. La lectura de libros se encuentra estancada o avanza demasiado lento. Más visitas al médico. En el trabajo las cosas se encuentran mucho mejor que el año anterior. El ambiente laboral es agradable y eso permite dedicar tiempo de mejor calidad a cada estudiante.
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Mi perro Tobi, mi querido cocker, murió hace más de dos meses. Aunque consultaba al veterinario con frecuencia, los últimos tratamientos no daban los resultados esperados. La edad del cocker negro jugaba en nuestra contra. Finalmente un día sábado debí llevar al perro a ver al veterinario. Aunque yo suponía que cosas tristes se acercaban, no deseaba pasar por ese trago amargo. Tobi se encontraba en una condición muy deteriorada y su vida se hacía miserable por la enfermedad. Lo coloqué sobre la camilla del veterinario. Él lo revisó. Me informó que mi perro se encontraba en muy mal estado y que no se recuperaría, un ACV había hecho estragos. Se impuso un momento largo de silencio. El veterinario preguntó si había considerado la posibilidad de aplicarle una inyección letal que terminara con el sufrimiento del animal. Le respondí que lo había considerado y era eso lo que venía a pedir, la angustia me cerró la voz. Me explicó que se aplicarían dos inyecciones y que el perro no sentiría dolor y se dormiría tranquilamente para no despertar. Luego él preguntó:   – ¿Quieres estar presente durante la aplicación o quieres esperar fuera del consultorio?-. Le respondí que estaría presente. Él preparó la jeringa y me preguntó si estaba preparado. Yo le pedí que me diera un instante para estar preparado. Entonces lloré como un niño llora por su perro. El veterinario con mucho respeto esperó y me dijo: – Toma todo el tiempo necesario -. Cuando mejoró mi ánimo regresé junto a la camilla, acaricié a mi perro mientras recibió las inyecciones, recordé como una película rápida los momentos compartidos con mi perro. Tobi se relajó, el aspecto de sufrimiento desapareció de la cara y se quedó dormido y no volvió a despertar. El veterinario revisó el corazón que ya no latía. Me recomendó sepultar el perro y poner en ese lugar alguna planta hermosa que recordara los momentos felices que el animal me dio. Colocamos el cuerpo en una bolsa de color negro y regresé con él a casa. Después le quité el collar. Excavé un foso y lo sepulté. No he podido contener las lágrimas mientras hice eso; pero debí hacerlo para cumplir una promesa que le hice a Tobi, la misma promesa que Juan Ramón Jiménez hizo al burro Platero: ” Tú, si te mueres antes que yo, no irás, Platero mío, en el carrillo del pregonero, a la marisma inmensa, ni al barranco del camino de los montes, como los otros pobres burros, como los caballos y los perros que no tienen quien los quiera…  Vive tranquilo, Platero. Yo te enterraré al pie del pino grande y redondo del huerto de la Piña, que a ti tanto te gusta. Estarás al lado de la vida alegre y serena… Y, todo el año, los jilgueros, los chamarices y los verderones te pondrán, en la salud perenne de la copa, un breve techo de música entre tu sueño tranquilo y el infinito cielo de azul constante de Moguer”…  Ese mediodía cumplí la promesa.

Cuando paso por la pequeña plaza donde iba con Tobi a jugar con la pelota de tenis verde; la tristeza por su ausencia me hace un peso en mi corazón. El cachorro que llevé en el bolsillo de mi abrigo cuando iba de compras a la despensa de Daniel y fue mi compañero por mucho tiempo ya no está. La planta hermosa que el veterinario me recomendó colocar todavía no la elegí.

 

 

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Tobi, mi cocker negro, en el recuerdo.

 

 

Primera de 2018

Desde el año pasado no pongo los dedos en el teclado para agregar algo al blog. Ingresé un par de veces para dar un vistazo rápido a lo que ocurría con los amigos del blog. Vi que los autores que habitualmente leo siguen ahí, narrando y escribiendo, eso es bueno..
Mis novedades. Demasiados cambios con demasiada rapidez, en mi edad eso no es muy atractivo; pero así están las cosas. Viajando en ómnibus cuatro veces por día, leyendo una novela de Stevenson mientras el transporte hace sus ronquidos habituales. Mientras viajo no tengo internet.  Durmiendo menos de lo necesario. Pasando demasiado tiempo en soledad. Trabajando por poca paga. Manejando los asuntos de la salud que a veces se torna rebelde. Tratando de encontrar el lado bueno de las cosas…

El verano terminó hace una semana y el otoño marcó su presencia con fuerza. La ropa de abrigo debió salir rápido del guardarropas sin tiempo a protestar. La Semana Santa está presente ahora. Nuevamente pasamos por el rito de los ramos de olivo y pasamos a comprar el pescado que comeremos el viernes santo. Esperamos la Pascua.

Hubo un recambio de estudiantes este año, eso es algo alentador. Mi compañero de trabajo este año será una gran ayuda, eso hace las obligaciones laborales más llevaderas. El día martes compartí con los estudiantes una rosca de pascua exquisita con crema pastelera y guindas en almíbar. Un día después cada uno de ellos llevó mi regalo: el huevo de chocolate por pascua, algo tradicional que todos ellos esperan.

Leyendo un buen libro acerca de la organización del tiempo. Siempre aprendiendo cosas nuevas. Este año comencé a llevar la primera agenda que hago en mi vida.

Cortando el césped y regando. Arrancando hierbas no deseadas. Barriendo veredas. Tomando alguna foto que me parece interesante. Bebiendo vino blanco muy económico y comiendo buen pan casero.

Mirando películas por televisión, ya no veo programas de noticias.  Mirando nuevamente mis películas favoritas de las que puedo decir de memoria parte de los diálogos. Mirando documentales de países lejanos con mucho interés. Soñando alguna vez viajar a China, a la semana santa en Sevilla y en Calanda con los tambores, conocer la isla de Rapa Nui, visitar Rajasthan en India.

Mi perro Tobi, por el cuál yo tengo mucho cariño, cumplió trece años de edad. La última visita al veterinario no trajo noticia demasiado favorables. Más medicamentos para él, las articulaciones, la falta de fuerzas, el regreso al alimento para cachorros. El cocker negro envejeció de pronto y trato de ser fuerte, aunque sé que se acerca el tiempo para despedirlo.

Hoy me liberé de obligaciones y leí un poco de cada blog, eso me hizo sentir mejor de ánimo. También escribí estas líneas para dejar a todos un saludo.   Felices Pascuas desea Walter para sus amigos que viven allá, detrás de la pantalla.

 

 

Aniversario

Ayer fue un día especial en nuestro hogar. Se cumplió otro aniversario de nuestra boda. Pedimos rezar una misa de acción de gracias en la misma Parroquia de Nuestra Señora de Lourdes, donde recibimos el sacramento del matrimonio hace veintidós años atrás. Fue un momento emocionante y feliz ver el mismo sitio donde intercambiamos promesas y anillos. Esta vez algunos familiares y amigos estuvieron con nosotros y recibimos los saludos y felicitaciones.

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Nuestras manos.

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Jugando con la cámara.

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Nosotros veintidós años atrás y recién casados.