Oído y radio

r.c.

Algo así, como esta imagen era la radio de mi abuelo. Un cable grueso para darle electricidad y la madera siempre lustrada. Una perilla para encendido y volumen, otra para sintonizar y la tercera, la más extraña, para cambio de onda: onda larga, onda media y onda corta.

Una de las imágenes más frescas que mantengo de mi infancia es la de mi abuelo escuchando radio. Como el niño aprende lo que ve hacer, yo también me hice oyente de radio. Aunque la computadora, el televisor y el teléfono celular ingresaron con tanta fuerza en el espacio de las comunicaciones, la radio tiene para mí aquel encanto de una compañera que no absorbe toda la atención. De tal modo que oyendo radio puedo viajar, dibujar, ordenar la casa, salir a pedalear en bicicleta, en fin, puedo hacer casi todo mientras que  la radio acompaña discretamente. En mi teléfono celular tengo marcadas las estaciones de radios de mi preferencia, disponible según lo que desee oír.

La radio del abuelo tenía siempre un tono grave y yo ponía mis manos sobre el parche de tela dorada que cubría el parlante para sentir la vibración que producían los sonidos. Una de las oportunidades que mi curiosidad se elevaba a una mayor potencia era cuando el abuelo retiraba la radio del lugar habitual, la colocaba sobre la mesa y con un plumero liviano sacudía el polvo que había sobre las válvulas de vidrio que se encendían con una luz anaranjada cuando la radio se ponía a funcionar. Por supuesto la frase obligada era: No toques, no toques nada.

Como siempre me gustó la geografía, mis lecturas del atlas geográfico y mis láminas con banderas eran respaldadas por la audición de radio. Cuando llegaba la noche la perilla más extraña cambiaba a onda corta; entonces se creaba la maravilla de los idiomas desconocidos. Sonidos de voces, supongo,  en japonés, chino, inglés, francés y no sé que otras lenguas salían de esa radio. Mayor placer cuando esas estaciones transmitían en idioma español para oyentes internacionales, ahí se presentaban, según quedaron grabadas en mis oídos y mi memoria: “Radio La Habana, Cuba. Territorio libre en América”, “Radio Nederland, Holanda”, “Radio Moscú Internacional”, “La BBC de Londres”, “Radio Vaticana”, “La Voz de los Estados Unidos de América”, y algunas que tal vez olvidé. Moviendo la perilla para sintonizar de un extremo al otro del dial encontraba distintas emisoras que hablaban en español durante algún tiempo y luego decían cambiar a otra frecuencia y las perdía. Recuerdo también haber escuchado algunas veces esas transmisiones de números sin sentido que me aburrían y después pasaba a otra cosa. Creo que eran las misteriosas radios de repetición numérica.

Durante el día las radio que escuchaba eran las locales: Radio Colón, Radio Sarmiento, y mi favorita Radio Nacional. También: Radio de Cuyo y Radio Nihuil. Muchos años después llegaron las radios en frecuencia modulada FM, que el receptor del abuelo no podía sintonizar. Las radios de FM con mejor calidad de sonido llegaron durante mi adolescencia y entonces escuchaba por las noches mientras realizaba los dibujos de planos para presentar en la escuela secundaria. Recuerdo que una de esas noches, mientras dibujaba planos con tinta negra de las lapiceras Rotring, escuché a las 2 de la madrugada aquella noticia histórica: las tropas argentinas habían desembarcado en las Islas Malvinas.

Radios siempre tuve cerca de mis manos. Mi padre, a quien todos llamaban Gringo, durante muchos años trabajó en electrónica y reparó radios, por supuesto yo anduve entre sus cosas y recuerdo los condensadores, transistores, resistencias, diodos y otros repuestos. Después las radios de bolsillo fueron la gran novedad y eran llevadas a las canchas de fútbol para escuchar las transmisiones de los partidos. También eran llevadas a los lugares de trabajo rural para oír mientras los trabajadores podaban parras, cosechaban aceitunas o sembraban cebollas. La radio siempre una compañera fiel y discreta. Fue la época del transistor y las radios portátiles. Ahora parece tan lejano aquel tiempo, la tecnología corrió muy veloz en los últimos años.

Uno, dos, tres. Probando, probando. ¿Me escuchas?

radioportatil

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. jingsandthings
    Sep 06, 2016 @ 07:57:58

    A little piece of history. That radio was a highly valued piece of furniture, at the centre of peoples’ lives as it brought news from the world beyond them. Since then radios have shrunk in size and in their place in the world. Now they are plastic, or part of some other piece of technology, and like much else progress has seen them become ever smaller. Despite television and the Internet, radios still have a place, listened to by millions, though much of their output is now music or light entertainment rather than the serious news once covered.

    Le gusta a 1 persona

    Responder

  2. walter-
    Sep 09, 2016 @ 01:35:13

    Hello Dorothy:
    I agree with your opinion about the radio. In my country radio has a large audience because of the variety of subjects addressed. Because it is a lower cost medium television, is free from the imposition of monopolies of information, therefore, they have greater independence at the time of reporting. Many important information, television show or touches on the surface, can be developed in detail and released by radio stations.
    The capacity of broadcasters and journalists always amazes me to capture and keep the attention of the listener only with the use of the voice.
    As always, I appreciate your comment.
    Greeting.
    Walter

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