Segunda entrada en 2018

Hola. Aquí estoy escribiendo algunas palabras para los amigos del blog. Las cosas están así: Mucho tiempo trabajando. Continúo viajando por obligaciones con frecuencia. La lectura de libros se encuentra estancada o avanza demasiado lento. Más visitas al médico. En el trabajo las cosas se encuentran mucho mejor que el año anterior. El ambiente laboral es agradable y eso permite dedicar tiempo de mejor calidad a cada estudiante.
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Mi perro Tobi, mi querido cocker, murió hace más de dos meses. Aunque consultaba al veterinario con frecuencia, los últimos tratamientos no daban los resultados esperados. La edad del cocker negro jugaba en nuestra contra. Finalmente un día sábado debí llevar al perro a ver al veterinario. Aunque yo suponía que cosas tristes se acercaban, no deseaba pasar por ese trago amargo. Tobi se encontraba en una condición muy deteriorada y su vida se hacía miserable por la enfermedad. Lo coloqué sobre la camilla del veterinario. Él lo revisó. Me informó que mi perro se encontraba en muy mal estado y que no se recuperaría, un ACV había hecho estragos. Se impuso un momento largo de silencio. El veterinario preguntó si había considerado la posibilidad de aplicarle una inyección letal que terminara con el sufrimiento del animal. Le respondí que lo había considerado y era eso lo que venía a pedir, la angustia me cerró la voz. Me explicó que se aplicarían dos inyecciones y que el perro no sentiría dolor y se dormiría tranquilamente para no despertar. Luego él preguntó:   – ¿Quieres estar presente durante la aplicación o quieres esperar fuera del consultorio?-. Le respondí que estaría presente. Él preparó la jeringa y me preguntó si estaba preparado. Yo le pedí que me diera un instante para estar preparado. Entonces lloré como un niño llora por su perro. El veterinario con mucho respeto esperó y me dijo: – Toma todo el tiempo necesario -. Cuando mejoró mi ánimo regresé junto a la camilla, acaricié a mi perro mientras recibió las inyecciones, recordé como una película rápida los momentos compartidos con mi perro. Tobi se relajó, el aspecto de sufrimiento desapareció de la cara y se quedó dormido y no volvió a despertar. El veterinario revisó el corazón que ya no latía. Me recomendó sepultar el perro y poner en ese lugar alguna planta hermosa que recordara los momentos felices que el animal me dio. Colocamos el cuerpo en una bolsa de color negro y regresé con él a casa. Después le quité el collar. Excavé un foso y lo sepulté. No he podido contener las lágrimas mientras hice eso; pero debí hacerlo para cumplir una promesa que le hice a Tobi, la misma promesa que Juan Ramón Jiménez hizo al burro Platero: ” Tú, si te mueres antes que yo, no irás, Platero mío, en el carrillo del pregonero, a la marisma inmensa, ni al barranco del camino de los montes, como los otros pobres burros, como los caballos y los perros que no tienen quien los quiera…  Vive tranquilo, Platero. Yo te enterraré al pie del pino grande y redondo del huerto de la Piña, que a ti tanto te gusta. Estarás al lado de la vida alegre y serena… Y, todo el año, los jilgueros, los chamarices y los verderones te pondrán, en la salud perenne de la copa, un breve techo de música entre tu sueño tranquilo y el infinito cielo de azul constante de Moguer”…  Ese mediodía cumplí la promesa.

Cuando paso por la pequeña plaza donde iba con Tobi a jugar con la pelota de tenis verde; la tristeza por su ausencia me hace un peso en mi corazón. El cachorro que llevé en el bolsillo de mi abrigo cuando iba de compras a la despensa de Daniel y fue mi compañero por mucho tiempo ya no está. La planta hermosa que el veterinario me recomendó colocar todavía no la elegí.

 

 

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Tobi, mi cocker negro, en el recuerdo.

 

 

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Primera de 2018

Desde el año pasado no pongo los dedos en el teclado para agregar algo al blog. Ingresé un par de veces para dar un vistazo rápido a lo que ocurría con los amigos del blog. Vi que los autores que habitualmente leo siguen ahí, narrando y escribiendo, eso es bueno..
Mis novedades. Demasiados cambios con demasiada rapidez, en mi edad eso no es muy atractivo; pero así están las cosas. Viajando en ómnibus cuatro veces por día, leyendo una novela de Stevenson mientras el transporte hace sus ronquidos habituales. Mientras viajo no tengo internet.  Durmiendo menos de lo necesario. Pasando demasiado tiempo en soledad. Trabajando por poca paga. Manejando los asuntos de la salud que a veces se torna rebelde. Tratando de encontrar el lado bueno de las cosas…

El verano terminó hace una semana y el otoño marcó su presencia con fuerza. La ropa de abrigo debió salir rápido del guardarropas sin tiempo a protestar. La Semana Santa está presente ahora. Nuevamente pasamos por el rito de los ramos de olivo y pasamos a comprar el pescado que comeremos el viernes santo. Esperamos la Pascua.

Hubo un recambio de estudiantes este año, eso es algo alentador. Mi compañero de trabajo este año será una gran ayuda, eso hace las obligaciones laborales más llevaderas. El día martes compartí con los estudiantes una rosca de pascua exquisita con crema pastelera y guindas en almíbar. Un día después cada uno de ellos llevó mi regalo: el huevo de chocolate por pascua, algo tradicional que todos ellos esperan.

Leyendo un buen libro acerca de la organización del tiempo. Siempre aprendiendo cosas nuevas. Este año comencé a llevar la primera agenda que hago en mi vida.

Cortando el césped y regando. Arrancando hierbas no deseadas. Barriendo veredas. Tomando alguna foto que me parece interesante. Bebiendo vino blanco muy económico y comiendo buen pan casero.

Mirando películas por televisión, ya no veo programas de noticias.  Mirando nuevamente mis películas favoritas de las que puedo decir de memoria parte de los diálogos. Mirando documentales de países lejanos con mucho interés. Soñando alguna vez viajar a China, a la semana santa en Sevilla y en Calanda con los tambores, conocer la isla de Rapa Nui, visitar Rajasthan en India.

Mi perro Tobi, por el cuál yo tengo mucho cariño, cumplió trece años de edad. La última visita al veterinario no trajo noticia demasiado favorables. Más medicamentos para él, las articulaciones, la falta de fuerzas, el regreso al alimento para cachorros. El cocker negro envejeció de pronto y trato de ser fuerte, aunque sé que se acerca el tiempo para despedirlo.

Hoy me liberé de obligaciones y leí un poco de cada blog, eso me hizo sentir mejor de ánimo. También escribí estas líneas para dejar a todos un saludo.   Felices Pascuas desea Walter para sus amigos que viven allá, detrás de la pantalla.

 

 

Se abre otra vez el tablero

ajedrez

El joven muchacho rubio que enseña ajedrez en la escuela me pidió que permaneciera en el aula mientras él desarrollaba la clase, para prevenir que se escapara la disciplina del grupo, por supuesto que yo accedí. Desde aquel día regresé a estar frente al tablero de ajedrez. Recordé mi afición a este juego cuando fui niño. Había fabricado las piezas de ajedrez con cartón y también un tablero rústico. Leyendo un diccionario de los más gruesos empecé a aprender acerca de los movimientos de las piezas. El diccionario tenía todo el saber al que yo podía acceder. No había cerca una biblioteca ni existía todavía la Internet.

Cuando terminé la escuela primaria pedí a mis padres un premio por haber finalizado esa etapa. Pedí un juego de ajedrez de madera que veneraba desde el vidrio de un kiosco desde hacía un par de años. Recuerdo que mis padres tardaron algunos días en responderme, tal vez el regalo que pedí era demasiado costoso; pero al fin me dieron la respuesta positiva.  El juego de ajedrez sería mío. Desde entonces las figuran de cartón quedaron olvidadas y las preciosas piezas de madera torneada pasaron muchas horas sobre la mesa de la cocina en la casa, era ahí donde estudiábamos y también jugábamos en invierno. De aquel juego conservo solamente una pieza, una sola pieza  que ha sobrevivido al paso del tiempo. Un peón blanco. El resto del equipo, las 31 piezas ausentes solamente Dios sabe adonde fueron a parar.

ajedrez

De todos modos en la casa hay una caja que contiene un juego de ajedrez de plástico que estaba sin uso,  ha recibido el polvo que el tiempo acumuló sobre ella guardada en el galpón donde están “todas esas cosas que nunca se usan; pero pueden llegar a ser necesarias.”  Rescaté esa caja y hemos jugado alguna partida con mi hija. Con mi esposa no nos entendemos para esas cosas. La caja está por aquí cerca ahora.  Hace una semana llegó a mis manos, prestado, un libro  acerca del ajedrez que leo mientras viajo en el ómnibus.

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¿Permanecerá abierto el tablero para mí? ¿Retornará el ajedrez a mi vida?…   La historia continuará; pero desconozco lo que sigue.

 

Sobremesa

Vacaciones de invierno. Un poco de descanso y vida familiar.
El día frío, el almuerzo y después la sobremesa: una partida de dominó. El sonido de las fichas mezclándose sobre la mesa. Los jugadores intentando una estrategia que permita ganar con las piezas que el azar colocó en sus manos.  El juego se desarrolla con entusiasmo y con cambios de ánimo. Finalmente hay perdedores y un ganador. Eso es todo, el juego antiguo y simple que permite jugar mirándose frente a frente, sin pantalla de por medio. Jugar y compartir es el objetivo.

dominó

Dominó, el juego antiguo y simple.

El poema que aprendimos con los niños de la escuela vino a nuestra memoria:

¿Quién domina al dominó?
¿El ruido de la bocina?
¿El escape con smog?
No.

¿Quién domina al dominó?
¿El canto de la gallina?
¿Los minutos del reloj?
No.

Camino de dientes blancos
con lunares de color,
Baldosas sin caminantes,
sonrisas del que ganó.
¿Quién domina al dominó?
Los abuelos de la plaza
y a veces, un poco, yo.

 

Invierno

postal

Una postal del invierno para los amigos.
La ola de frío polar avanzó desde el sur y ya está sobre nosotros.
El invierno con sus ritos: más tiempo de televisión, más tiempo para dormir, el frío como un corte sobre la cara, colándose por las rendijas de la ropa, el hielo apareciendo en cualquier lugar, los perros durmiendo sin preocupaciones, mi esposa practicando costura, la calle vacía y yo mirando lo que pasa en los blogs.

Alguien va al ras del suelo

Saludo a los lectores.

Habitualmente caminaba por el campo para acortar camino, ahorraba varios metros y también algunos minutos para dirigirme de un lugar a otro. Además disfrutaba sentir el terreno bajo los zapatos, no es lo mismo que la dureza del asfalto. Es también, según me parece un contacto más cercano con la naturaleza que me hace mucho bien.  Todo iba bien hasta que por la red social comenzaron a circular las noticias de las serpientes halladas en la zona. (Son fotos obtenidas de la red social)

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Esta serpiente fue atrapada por los bomberos

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Serpiente dormida encontrada en el hall de entrada de otra casa

No sé demasiado de serpientes. La gente dice que se trata de serpientes de cascabel, otros de víboras yarará, otros de víboras de la cruz. ¿Quién sabe cuál tiene razón?

Por mi parte comprendí que se trataba de un riesgo verdadero y desde entonces evito caminar por el campo con el pasto crecido. Si el pasto es escaso me atrevo a caminar por allí pero con mucha, mucha atención. Ojos bien abiertos, oídos muy atentos. Uno nunca sabe desde donde puede venir una mordida.

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Mi radar y mi sonar encendidos al caminar por el campo ahora.

Tiempo atrás fui mordido por perros, ahora sería una noticia muy mala escribir: – Fui mordido por una serpiente – ¡No, no!  Eso no me debe ocurrir.

     Walter.-

2017

brin

2.017 nos encontró así, con los vasos en alto y con sonrisas en el rostro. Bendecimos esta cena y pasamos un rato divertido y feliz.
Buen año para todos. ¡Salud!

Oído y radio

r.c.

Algo así, como esta imagen era la radio de mi abuelo. Un cable grueso para darle electricidad y la madera siempre lustrada. Una perilla para encendido y volumen, otra para sintonizar y la tercera, la más extraña, para cambio de onda: onda larga, onda media y onda corta.

Una de las imágenes más frescas que mantengo de mi infancia es la de mi abuelo escuchando radio. Como el niño aprende lo que ve hacer, yo también me hice oyente de radio. Aunque la computadora, el televisor y el teléfono celular ingresaron con tanta fuerza en el espacio de las comunicaciones, la radio tiene para mí aquel encanto de una compañera que no absorbe toda la atención. De tal modo que oyendo radio puedo viajar, dibujar, ordenar la casa, salir a pedalear en bicicleta, en fin, puedo hacer casi todo mientras que  la radio acompaña discretamente. En mi teléfono celular tengo marcadas las estaciones de radios de mi preferencia, disponible según lo que desee oír.

La radio del abuelo tenía siempre un tono grave y yo ponía mis manos sobre el parche de tela dorada que cubría el parlante para sentir la vibración que producían los sonidos. Una de las oportunidades que mi curiosidad se elevaba a una mayor potencia era cuando el abuelo retiraba la radio del lugar habitual, la colocaba sobre la mesa y con un plumero liviano sacudía el polvo que había sobre las válvulas de vidrio que se encendían con una luz anaranjada cuando la radio se ponía a funcionar. Por supuesto la frase obligada era: No toques, no toques nada.

Como siempre me gustó la geografía, mis lecturas del atlas geográfico y mis láminas con banderas eran respaldadas por la audición de radio. Cuando llegaba la noche la perilla más extraña cambiaba a onda corta; entonces se creaba la maravilla de los idiomas desconocidos. Sonidos de voces, supongo,  en japonés, chino, inglés, francés y no sé que otras lenguas salían de esa radio. Mayor placer cuando esas estaciones transmitían en idioma español para oyentes internacionales, ahí se presentaban, según quedaron grabadas en mis oídos y mi memoria: “Radio La Habana, Cuba. Territorio libre en América”, “Radio Nederland, Holanda”, “Radio Moscú Internacional”, “La BBC de Londres”, “Radio Vaticana”, “La Voz de los Estados Unidos de América”, y algunas que tal vez olvidé. Moviendo la perilla para sintonizar de un extremo al otro del dial encontraba distintas emisoras que hablaban en español durante algún tiempo y luego decían cambiar a otra frecuencia y las perdía. Recuerdo también haber escuchado algunas veces esas transmisiones de números sin sentido que me aburrían y después pasaba a otra cosa. Creo que eran las misteriosas radios de repetición numérica.

Durante el día las radio que escuchaba eran las locales: Radio Colón, Radio Sarmiento, y mi favorita Radio Nacional. También: Radio de Cuyo y Radio Nihuil. Muchos años después llegaron las radios en frecuencia modulada FM, que el receptor del abuelo no podía sintonizar. Las radios de FM con mejor calidad de sonido llegaron durante mi adolescencia y entonces escuchaba por las noches mientras realizaba los dibujos de planos para presentar en la escuela secundaria. Recuerdo que una de esas noches, mientras dibujaba planos con tinta negra de las lapiceras Rotring, escuché a las 2 de la madrugada aquella noticia histórica: las tropas argentinas habían desembarcado en las Islas Malvinas.

Radios siempre tuve cerca de mis manos. Mi padre, a quien todos llamaban Gringo, durante muchos años trabajó en electrónica y reparó radios, por supuesto yo anduve entre sus cosas y recuerdo los condensadores, transistores, resistencias, diodos y otros repuestos. Después las radios de bolsillo fueron la gran novedad y eran llevadas a las canchas de fútbol para escuchar las transmisiones de los partidos. También eran llevadas a los lugares de trabajo rural para oír mientras los trabajadores podaban parras, cosechaban aceitunas o sembraban cebollas. La radio siempre una compañera fiel y discreta. Fue la época del transistor y las radios portátiles. Ahora parece tan lejano aquel tiempo, la tecnología corrió muy veloz en los últimos años.

Uno, dos, tres. Probando, probando. ¿Me escuchas?

radioportatil

Sombra y luz

sombras chinescas

Los viejos diccionarios  ilustrados fueron mi inspiración

¿Intentó Usted hacer sombras chinescas alguna vez?
Créame, es una de esas cosas que parecen fáciles ; pero no lo son.  Pasé  mucho tiempo, desde que era un muchacho, intentando lograr que la sombra en la pared me devolviera algo parecido a las figuras que yo veía en los gruesos diccionarios ilustrados; pero nada, nada.  Las formas salían irreconocibles.  Fue  por largo tiempo motivo de frustración intentar formar un simple conejo en pared del dormitorio por el rayo de luz que entraba por la puerta entreabierta.
Alguien dice que el éxito se debe a un 1% de inspiración y 99% de esfuerzo, tal vez eso es una verdad; pero entonces los dedos pueden doler de tanto retorcerlos en todas direcciones.
Pues ahora, cuando decido exponer mis habilidades como ilusionista de sombras puedo mostrar mi única sombra mas o menos bien lograda.
El público ocasional por un instante queda sorprendido y expectante esperando ver la siguiente figura que nunca llega.   Solamente una sombra chinesca me acompaña desde hace muchos años, solamente una y nada más. La sombra del perro.

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El perro

De todos modos el arte de las sombras chinescas sigue teniendo mi admiración.
¿Intentó Usted alguna vez hacer sombras chinescas?  ¿Querrá intentarlo ahora?

Y pasó un cumpleaños más

Pasó un año más desde el último cumpleaños y aquí estamos. Una reunión de amigos y  familiares, conversaciones, risas, buenos recuerdos, anécdotas, pizzas y hasta una torta hecha por mi hija. Algunos regalos que agradecí mucho. Apagar la vela de la torta y pedir tres deseos es una costumbre aquí. Por supuesto que los deseos deben mantenerse en secreto para que puedan cumplirse; por lo tanto, no  los conocerá. 

kps

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